Todo lo que pierdes cuando no tomas leche

Durante muchos años, el consumo de leche ha constituido un rasgo distintivo de las sociedades más avanzadas. A medida que los países en desarrollo han ido ganando destreza ganadera, dejando atrás las enfermedades e incrementando su capacidad económica y su productividad, han descubierto en la leche un alimento básico en el contexto de una dieta saludable. Según la FAO, el consumo de leche per cápita en los países en desarrollo se ha duplicado desde 1960. No es de extrañar, dado que su fórmula mágica, que combina un alto nivel de proteínas, grasas y lactosa, le permite convertir una dieta precaria en una alimentación completa y equilibrada. Es rica en potasio, magnesio, fósforo, sodio, vitaminas A, D, B y sobre todo, calcio natural. La leche es oro blanco en nutrición, y un oro muy barato para su alto valor biológico. Sin embargo, la tendencia se está invirtiendo. El Informe del consumo de alimentación en España publicado por el Ministerio de Agricultura el pasado mes de abril indica un descenso del 2,2% en el consumo de leche en los hogares en el último año, hasta los 72,86 litros por persona y año. La Encuesta Nacional de Ingesta Dietética (ENIDE) señala que entre un 20% y un 30% de la población realiza una ingesta insuficiente de calcio. Todos los grupos de edad de ambos sexos quedan por debajo de la cantidad recomendada. Y en el caso de las mujeres de entre 45 y 64 años, el porcentaje se incrementa hasta el 83%. El informe achaca este déficit directamente al escaso consumo de lácteos y lo compara tomando como referencia a la población de Holanda, que gracias a su elevado consumo de leche y derivados, disfruta de un nivel de calcio también más elevado. Vivir sin calcio El calcio es el mineral más abundante en el cuerpo humano. Contribuye a la mineralización de los huesos y de las piezas dentales, además de regular algunas funciones celulares. Las carencias están directamente relacionadas con la osteoporosis, el cáncer, la obesidad y las enfermedades cardiovasculares. Aunque existen distintas variaciones en función del sexo y la edad, la cantidad diaria recomendada (CDR) es de unos 800 mg. Las mujeres, durante la menopausia, tienen una necesidad aún mayor. Desde luego, en la dieta mediterránea el aporte de calcio está repartido entre distintos alimentos, pero ninguno de ellos se aproxima al nivel de la leche: sólo un vaso contiene unos 300 mg. Frente a las verduras de hoja verde, las frutas y las legumbres, aporta prácticamente la mitad de la CDR por sí misma. El informe “La Leche como vehículo de salud para la población” de la Fundación Española de la Nutrición, advierte de que, en general, los datos de los diferentes estudios expuestos demuestran que un porcentaje significativo de la población española presenta ingestas inferiores de las recomendadas de calcio y vitamina D. Por tanto, es necesario insistir en las medidas dietéticas que favorezcan el consumo de estos dos importantes micronutrientes. Porque no sólo es importante la cantidad de calcio que aporta un alimento sino la cantidad estimada de calcio absorbible. En este sentido, los alimentos de origen vegetal tienen, en general, una cantidad inferior a la obtenida a través de los derivados lácteos. Por eso, como se señala en el informe "El calcio y otros componentes bioactivos de la leche en la salud humana" de Aula Médica, para la mayoría de la población es poco factible obtener una ingesta suficiente de calcio a partir de una dieta vegetariana de tipo occidental, a no ser que incluya alimentos enriquecidos en calcio o suplementos. Razones y creencias Si la leche aporta tantos beneficios evidentes, ¿por qué cae su consumo? Uno de los factores más curiosos es la propagación de teorías inciertas en las redes sociales, como la idea de que siendo el hombre el único animal que consume leche tras terminar su periodo de lactancia, este consumo debe ser contra natura. Ciertamente es el único con capacidades ganaderas. La intolerancia a la lactosa es también un freno, especialmente en algunas regiones del mundo, donde es habitual no disponer de la enzima adecuada para digerirla. El mercado lácteo, sin embargo, ha evolucionado lo suficiente como para ofrecer productos libres de lactosa, terminando con este problema.

 

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