‘El año pasado ya la redistribución de las aguas del río para la temporada 2019 y 2020 fue bastante dura. Implicó una redistribución del 60% de los caudales propios de los agricultores para el uso en la ciudad, lo que significó unas 35 mil hectáreas de superficie menos y una caída de cerca del 40% de la producción’, explica Natalia Dasencich, encargada de asuntos legales y vocera de la Junta de Vigilancia del Maipo, río que abastece de agua a buena parte de la Región Metropolitana.

En los primeros cuatro meses del año 2019, el río Maipo tuvo, en promedio, 60 m{+3} por segundo. En los primeros cuatro de 2020 el volumen fue de 40 m{+3} por segundo, promedio. Por estos días el río trae un promedio de 20 m{+3}, de los cuales el 80% va al agua potable de los santiaguinos, donde en algunas comunas se hace un uso ‘suntuario’ del recurso, que llega a ser casi cuatro veces mayor que el necesario por persona de acuerdo a estándares internacionales.

Por ello, dice, si de aquí a septiembre no se toman medidas, el pronóstico es de varias crisis simultáneas: de alimentos para los santiaguinos y con cientos de pequeños productores sin fuente de ingresos, y de cesantía.

‘Si se repite la condición hidrológica igual o peor que la del año pasado, la situación va a ser muy grave, porque la reducción productiva sería mayor, con el impacto económico que eso tiene, en que se da menos trabajo, porque los productores de fruta fresca utiliza mucha mano de obra; impacta el ingreso de cientos de pequeños productores, que producen verduras, y todo eso en un contexto como el de hoy es muy complejo. Todo eso se suma a que, además, caería la producción de alimentos. Son varias crisis simultáneas que tenemos que ser capaces de precaver antes de que llegue septiembre’, dice Natalia Dasencich.

 

Un consumo humano racional

El problema urgente del que hay que hacerse cargo es el del uso suntuario del agua.

‘La redistribución de un río con agua, siempre privilegia el consumo humano. Pero este consumo humano tiene que ser racional. Y aquí hay un problema importante. Porque, de acuerdo a los estándares internacionales de uso y consumo humano, cubrir las necesidades de una persona requiere en torno a los 120 litros por día. En algunas comunas de Santiago, del sector oriente, se llega a 500 litros diarios por persona’, enfatiza Dasencich.

Se refiere a que a pesar de que los regantes dejan de cultivar producto de la sequía, en buena parte de la ciudad siguen actuando como si hubiera la misma disponibilidad de agua que hace 10 años, llenando piscinas y regando jardines que se mantienen siempre verdes.

‘Hay que privilegiar el consumo humano, pero no podemos avalar que en el sector oriente se gasten 500 litros por persona al día. El sacrificio de los regantes no sirve de nada si hay jardines que se riegan por horas, que están verdes como los de París. Esto se está haciendo con cargo a los agricultores. Es un consumo de agua que impacta directo a la producción de alimentos que es para el consumo interno. Pero también a cientos de pequeños chacareros que están menos tecnificados, a pesar de que se hacen esfuerzos para hacerlo y que al final del día son los más vulnerables. Entonces el consumo humano de la ciudad esconde un consumo injustificado. Eso no puede suceder’, recalca.

Insiste en que esto requiere con urgencia una decisión país, donde se busque una fórmula para que esto no siga ocurriendo, con medidas como las que se aplican en California, donde directamente se sanciona con multas a quien hace un uso del agua en cosas no esenciales.

‘Tenemos que ver cómo somos capaces de crear un mecanismo que penalice fuertemente el consumo suntuario del agua. Puede ser a través de multas -altas- para quienes ocupen el agua de manera suntuaria, que vayan en beneficio de las personas de más bajos recursos. O encareciendo el costo de las personas que estén dispuestas a seguir manteniendo esos usos que exceden el consumo que cubre el derecho humano al agua según lo estándares internacionales. Hay que buscar un instrumento económico que permita un equilibrio en el uso del recurso’, dice.

Si con distintas medidas y acciones se logra un ahorro del 10% al 15% en el uso del agua de la ciudad -reconoce que hay alcaldes que ya han tomado medidas disminuyendo el riego de parques-, se daría un alivio a la producción de alimentos.

‘Es importante que la gente entienda que el ahorro domiciliario no da lo mismo. Se dice que el agua potable se lleva el 5% del total de la oferta de agua, pero al desagregar la realidad en el Maipo es que se lleva un tercio del agua en épocas normales. Y en años de sequía, en temporada de riego, se lleva casi el 60%. También hay que despejar el mito de que el agua se la llevan las empresas. Hay comunas industriales que gastan muy poco. Lo importante aquí es cambiar el switch respecto a nuestro paisajismo, porque nos estamos haciendo trampa entre nosotros”, dice.

Y agrega que ‘Está claro que en este momento la primera prioridad es el covid, algo que ocurrió de manera inesperada y sobre lo que se ha tenido que ir actuando sobre la marcha. Pero la sequía tiene ya cerca de 10 años. Se sabe lo que está pasando, por eso hay que tomar medidas hoy… hay que cambiar el switch de las personas. Que comprendan que el mal uso del agua en las ciudades impacta a las personas. Los impacta a ellos. Tienen que tomar conciencia de que los alimentos no crecen en las góndolas de los supermercados, sino que a pocos kilómetros, en chacras. Por lo que el agua que riega jardines deja a pequeños productores, a familias, sin el recurso. El mal uso del agua implica menos alimentos y más cesantía. Son crisis que se pueden prevenir’.

Otras medidas

Otra prioridad, dice la especialista, es hacer nuevas obras de acumulación, porque si bien el embalse El Yeso es importantísimo, solo puede acumular los recursos del río Yeso, que representa el 7% de la cuenca. ‘Hay que estudiar una batería de microembalses, que permitan captar otras aguas’. Agrega que a ello hay que sumar otras medidas como la recarga de acuíferos, ‘que se viene incentivando, pero se requiere dar más fuerza’; y poner también mayor energía en la reutilización de aguas grises domiciliarias, ‘que liberaría aguas para el riego de jardines, por ejemplo’.

Patricia Vildósola Errázuriz-

Fuente: Revista del Campo | El Mercurio