Hoy nos hemos enterado que China ha decidido dar un paso contundente para proteger a su industria ganadera: desde el 1 de enero de 2026 aplicará un arancel adicional del 55% a las importaciones de carne bovina que excedan las cuotas asignadas a proveedores clave.

Ese anuncio reordena circuitos comerciales, genera incertidumbre y, al mismo tiempo, abre oportunidades estratégicas que Chile no puede dejar pasar.

¿Por qué esto nos importa? Porque gran parte del volumen que hoy compite en China proviene de proveedores de alta escala —Brasil, Argentina, Uruguay, Australia y Estados Unidos— y la nueva medida reducirá el espacio comercial para quienes superen sus cupos. Ese “remanente” que antes encontraba plaza en el gigante asiático tendrá que redireccionarse: parte irá a mercados alternativos y parte podría recalar en países como Chile, que hoy exporta a China menos del 3% del volumen total y, por ello, no quedaría afectado por el arancel adicional.

Quizás lo más relevante será el potencial impacto del aumento de las importaciones de Brasil a Chile en este reordenamiento, pero no todo es una simple transferencia de volúmenes. El impacto real dependerá de cuánto se reduzcan las cuotas respecto de los envíos actuales de 2025.

Veamos algunos números que ayudan a dimensionar el fenómeno: Argentina está enviando en promedio 50.000 toneladas mensuales (unas 600.000 t/año); según estimaciones preliminares, la cuota los dejaría con aproximadamente un 10% menos de acceso.

Uruguay, por su parte, dispone de un excedente de 223.000 t respecto a sus exportaciones actuales, lo que le da margen para crecer. Brasil, por su escala, es el que concentra el mayor riesgo de recortes y, por ende, el principal generador del posible remanente.

¿Qué significa esto para la industria chilena? Hay una ventana clara para aumentar participación en China, pero nadie nos regalará el mercado. Para aprovecharla debemos movernos en cuatro frentes simultáneos:

– Capacidad comercial: necesitamos identificar nichos donde la oferta chilena agrega valor (cortes premium, carne de vaca de lechería, carne procesada, trazabilidad) y promoverlos con fuerza ante compradores chinos. También ver si exportar animales en pie tiene o no ventajas considerando cómo sigue afectando a la disminución de la masa ganadera.

– Certificación y logística sanitaria: asegurar y agilizar certificaciones, protocolos sanitarios y tiempos de embarque es crítico. La confiabilidad sanitaria hoy es moneda de cambio.

– Escala y continuidad: China valora abastecimiento estable. Las empresas chilenas deberán garantizar volúmenes y calendarios de entrega sostenibles.

– Diplomacia comercial: el sector privado y el gobierno deben coordinar una estrategia para negociar cuotas, proteger intereses y aprovechar acuerdos vigentes o nuevos mecanismos de acceso.

Además, no podemos perder de vista una regla básica: diversificar mercados y productos. El shock provocado por medidas arancelarias en un gran comprador es la razón por la cual ningún país serio depende de un único destino. Paralelamente a la apuesta china, debemos fortalecer presencia en Asia-Pacífico, Medio Oriente y mercados premium en Europa y Norteamérica.

Desde Fedecarne instamos al Gobierno a acompañar al sector con herramientas concretas: promoción comercial focalizada, apoyo logístico para ampliar capacidad de embarque, apoyo a certificaciones internacionales y diálogo activo con las autoridades chinas para transparentar cuotas y reglas de juego.

A la industria, le exigimos profesionalismo comercial, inversión en trazabilidad y calidad, y rapidez para transformar esta oportunidad en contratos concretos.

La medida de Beijing no es solo un desafío; es una oportunidad puntual para que la carne chilena demuestre su competitividad y valor agregado. Si actuamos con rapidez, coordinación y visión exportadora, podremos captar parte de ese remanente mundial y convertirlo en crecimiento sostenido para nuestra cadena ganadera.

Finalmente, deberemos seguir apelando a la conciencia del consumidor chileno, sobre los beneficios que tiene la carne nacional tanto por su extraordinaria calidad, así como por los aportes que genera en la economía regional y nacional el consumo de carne chilena.

Ignacio Besoain

Presidente, Fedecarne